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Había una vez, en un castillo de color rosa brillante, dos hermanitos muy especiales. Francelis era la princesa más pequeñita y dulce, con un vestido esponjoso y una corona que brillaba como el sol. Su hermano mayor se llamaba Félix, y él era un guerrero muy fuerte y valiente. Félix tenía un escudo grandote y brillante, y su trabajo favorito en todo el mundo era cuidar a su hermanita Francelis. Dondequiera que iba la princesa, el caballero Félix iba detrás, asegurándose de que nada le pasara. ¡Se querían muchísimo!
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Un día, mientras Francelis jugaba en el jardín oliendo las flores más bonitas, apareció un dragón gigante pero muy bueno. Se llamaba "Draco el Juguetón". A Draco le gustaba mucho jugar y compartir sus juguetes brillantes en su cueva. Con mucho cuidado, Draco levantó a Francelis y se la llevó volando bajito para enseñarle sus tesoros. Félix, que estaba cerca, vio a su hermanita irse con el dragón y, aunque Draco parecía bueno, él era el caballero guardián. Así que agarró su escudo y gritó: "¡No te preocupes, Francelis! ¡Tu hermano va a rescatarte!".
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